Un país averiado

Urda, Ceuta, Adamuz, el gran apagón, los incendios, la dana, la crisis de los precios… Cunde entre una parte de la ciudadanía la sensación de que España es un país que no termina de funcionar en algunos aspectos. Las redes sociales se dedican a amplificarlo porque para eso están diseñados sus algoritmos. “Solo el pueblo salva al pueblo”, se insiste desde algunos sectores. Es una sensación basada, en parte, en realidad porque toda exageración, incluso las mentiras, tiene una parte de verosimilitud. No obstante, conviene tomar distancia con estas afirmaciones. El ministro Óscar Puente dimitió ayer, totalmente por sorpresa, asumiendo responsabilidades en primera persona por los sucesivos problemas en la alta velocidad. Pero eso no puede dar pie a una crítica generalizada al sistema.Seguir leyendo...

Un país averiado
Urda, Ceuta, Adamuz, el gran apagón, los incendios, la dana, la crisis de los precios… Cunde entre una parte de la ciudadanía la sensación de que España es un país que no termina de funcionar en algunos aspectos. Las redes sociales se dedican a amplificarlo porque para eso están diseñados sus algoritmos. “Solo el pueblo salva al pueblo”, se insiste desde algunos sectores. Es una sensación basada, en parte, en realidad porque toda exageración, incluso las mentiras, tiene una parte de verosimilitud. No obstante, conviene tomar distancia con estas afirmaciones. El ministro Óscar Puente dimitió ayer, totalmente por sorpresa, asumiendo responsabilidades en primera persona por los sucesivos problemas en la alta velocidad. Pero eso no puede dar pie a una crítica generalizada al sistema.

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