A la sombra de Jaime I

La historia compartida entre valencianos y catalanes debe aprovecharse para reabrir caminos de diálogo

A la sombra de Jaime I
Lo siento por la relación que tengo con algunos amigos catalanes, muy queridos, pero observo cierto achique de espacios de complicidad entre nuestras dos sociedades, la valenciana y la catalana. En una parte de la sociedad catalana (¿especialmente los más jóvenes?) se va abriendo cierta “divergencia y desunión”, si me permiten el juego de palabras, a medida que la idea estructural de un sinn-fein (un nosotros-solos) crece al otro lado del riu de la Sénia y con ello la historia pierde sentido explicativo. Lo digo con preocupación y sin ningún afán polémico. Por eso cuando algún episodio de la historia compartida entre valencianos y catalanes aparece, se debería aprovechar para reabrir caminos de diálogo. Hay que asumir que nuestras sociedades ­tienen trayectorias propias, identidades diversas y sensibilidades plurales, y precisamente por eso, disponer de espacios de encuentro constituye una oportunidad valiosísima. La proximidad histórica, cultural y geopolítica no exige pensar igual, sino reconocer los vínculos que nos han conectado y convertirlos en una base para la cooperación.

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