¿Qué es mejor ser pringado o un canalla?

La pregunta parece sencilla hasta que descubrimos que quizá la única manera de no ser ninguna de las dos cosas consiste en aprender a perder

¿Qué es mejor ser pringado o un canalla?
Mi madre tenía una amiga tan cleptómana que, cuando venía a casa, se llevaba cosas que ella misma nos había regalado antes. No lo podía evitar. Estaba en su naturaleza. “Niños, que hoy viene Nuri a comer, cuidado”, nos advertía. Y, por mucho cuidado que tuviéramos, siempre faltaba algo. Nuri llegaba al Corte Inglés y se metía en el bolsillo a las dependientas de tal modo que no solo se iba con el bolso lleno de cosas sin que ellas se enterasen, sino que le pedían que regresara pronto y las siguiera haciendo reír. 

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