La música de una calle

Aniol vive en su mundo, no siempre quiere hablarme; si me llama, soy feliz

La música de una calle
En esta calle de Molló, empinada y estrecha, se oye todo. Por suerte, apenas pasan coches. Los primeros en despertarse son los pájaros, con las primeras luces del alba. Gorriones y eléctricas golondrinas. Su algarabía es estridente como un despertador y amena como un divertimento de Mozart. En los huertos traseros, ya trabaja Josep, flexible como un junco a sus setenta años, cuidando cebollas, repollos y tomates, que regalará a los vecinos.

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