La belleza asesina

Cómo puede ser, una simple melodía, a la vez maravillosa y terrible, juguetona y moribunda

La belleza asesina
En una cena alegre, un amigo comenta que, cuando se muera, quiere que pongamos The Köln concert, de Keith Jarrett. No se le ha ocurrido otro modo de trasmitir la pasión que siente por esta pieza (de salud se le ve bien). Le fascina ese piano que empieza como si nada, con unas notitas aparentemente inofensivas que acaban provocando ese río de acordes placentero, profundo, conmovedor. Le pregunto si quiere que pongamos el concierto mientras se está muriendo o cuando ya esté en el otro barrio. Mi amigo explica que sería una vez muerto, para que pensemos en él con esa música, y quizás lloremos con alegría rítmica, en un tanatorio o algo así. Salgo de la cena pensando que no hay derecho, porque a mí también me encantaba The Köln concert y ahora ya no sé si podré oírlo sin ver su cara pálida en un ataúd.

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